lunes, 16 de noviembre de 2009

QVMT



Papelitos

De todas las grandes aportaciones de los fresas a la sociedad, PAPELITOS es la más fabulosa. Mientras los chairos se avientan sus partidos go, ajedrez o jaqui, los fresas se congregan y al calor de las cubas de Bacardí Blanco se divierten con este maravilloso juego.

¿Lo han jugado? Es LO MEJOR. A continuación pondré las instrucciones a grandes rasgos. Quienes ya las conozcan ps brínquenselas:

-Se arrejunta un grupo de mínimo seis fresas (o personas de las que sean) y se divide en dos equipos (entre más gente mejor, aunque no se recomiendan más de 4 equipos).

-Cada quien debe anotar en pequeñas hojitas de papel nombres de personajes (ficticios o reales) de dominio público que se les ocurran. Se hacen bolita y se depositan en una urna (puede ser un tazón de palomitas). Entre más papelitos haya, más durará el juego.

-Se determina un tiempo límite para cada participación, un minuto es lo recomendable. Bueno, pues el primer fresa o persona pasa al frente y saca un papelito con el nombre de un personaje, y entonces debe describirlo para que sus compañeros de equipo adivinen de quién se trata. Por ejemplo, si le salió RICARDO ARJONA puede decir "el que canta 'Señora de las cuatro décadas'". Cuando lo adivinen saca otro papelito, y así, hasta que se acaba el minuto. Luego le va al siguiente equipo, y así. Alguien debe ir apuntando los aciertos de cada equipo.

-Los papelitos usados deben volver a doblarse y depositarse en otra urna.

-Cuando los papelitos se acaben, se vuelve a empezar, igualito que en la ronda anterior, sacando los papelitos ya usados. Nomás que esta vez el personaje deberá ser descrito en UNA SOLA palabra. O sea, para Arjona podría ser "Señora" o "Cantante" o "Décadas". Se anotan los aciertos y se reciclan los papelitos.

-En la tercera ronda se hace lo mismo, peeeero ahora el personaje deberá ser descrito con mímica. Para Arjona se puede poner cara de Arjona.

-Gana el equipo que tenga más puntos.


El juego lo conocí en una de esas pedas que duran el fin de semana completo en Tepoztlán. El hermano fresa de mi novio chairo celebraba su cumpleaños, y entonces invitó a su bola de amigos fresas, y de paso a su hermano chairo con su novia rara (o sea yo). En la noche se armaban los torneos de PAPELITOS, y eran fabulososísimos, híjoles, cómo me reía. Momentos cumbre:

-Cuando a un fresa le tocó describir a la Pequeña Lulú y no sabía quién era, entonces dijo "es un refresco, cuando vas a las taquerías viene en paquetes promocionales".

-Un fresa puso entre sus papelitos a "Majat Magandi". Otro pasó a describirlo y dijo "el dueño de las librerías". Adivinaron al instante.

Después intenté jugarlo con unos chairos, pero fue imposible: la mota les hacía perder la concentración y ponían nombres que NO eran de dominio público (sssss pero es mi maestra de historia goooooei).

Blogueros: propongo que en la próxima ñoñireunión juguemos PAPELITOS. Dresscode: disfraz de fresa de esos-que-van-a-antros (gel obligatorio). Bebida oficial: Bacardí con Coca (¿qué, hay otra?).

Tamara

domingo, 15 de noviembre de 2009

Finales

Me han prestado el juego Muramasa: The demon blade, título exclusivo del Wii en 2-D. De hecho la crítica lo ha recibido como algo notable dentro del catálogo de Nintendo. Le invertí 14 horas para terminar las dos historias que vienen ahí, y a pesar de un lindo apartado gráfico, música maravillosa, un sistema de combos que gozas, el juego es bastante repetitivo. Ir de A a B y combatir a un jefe final dejó de ser divertido hace mucho.





Mención aparte se merece la historia, que me hizo recordar a Okami. Lo jugué y no creo volverlo a tocar en mi vida.

sábado, 14 de noviembre de 2009

Hoy hay festival de Ska

Hoy y mañana. Allá nos vemos en Santa Fe.

Que asco de vida

Encontré una bonita página llamada Asco de Vida. Deben de visitarla, se supone que uno va y postea una anécdota en dónde les haya ido del asco. Hay algunas verdaderamente buenas, colocaré tres cada sábado.

*Hoy, mi novia y yo estábamos teniendo sexo oral, y yo le dije lo bien que lo hacía. Me respondió que conmigo disfrutaba ya que con su exnovio no podía hacerlo bien porque su miembro no le cabía en la boca.

* Hoy, mi novia me ha mandado un sms diciéndome que estaba preparada para probar el sexo anal. Que fuera a las 8.30 que es cuando Luís no está. Se ha confundido de destinatario. Yo soy Luís y todavía no hemos hecho el amor ni una sola vez

* Hoy, he estado más de 10 horas en urgencias porque mi mejor amigo se ha resbalado en las escaleras de un bar y al poner la mano en el suelo para no caerse ha tenido la mala suerte de apoyarse en un vaso que se ha roto. Se ha cortado dos tendones y un nervio del pulgar de la mano izquierda, lo han operado de urgencia y no le garantizan que pueda volver a mover el dedo. Mi amigo es guitarrista.

viernes, 13 de noviembre de 2009

Kenny

¿Kenny? – pregunté, con mucho interés. Sus ojos grandes se abrieron, mientras una enorme sonrisa cruzaba su rostro, casi infantil. “Y dime, Kenny… ¿tu estudias algo?” Su boca empezó a moverse, pero ¡qué diablos!, no puse atención a nada que no fuese su cara, sus piernas… de verdad que me quedé encantado por ella. La dejé así, moviendo los labios mientras que yo me apresuraba a terminar mi copa. Ella volteó cortésmente, yo asesiné con los ojos al muchacho que la fue a sacar a bailar. Yo ataqué “¿Cómo?... ¡pero si ya te pedí otra michelada!” Pagué al mesero, abriendo la cartera para que se viera que andaba listo para pasar la noche entera complaciéndola, en caso de que hiciera falta… pero no, nunca me ha hecho falta, y esa noche no iba a ser diferente. Efectivamente, el chavalo se fue y tú hiciste un gracioso gesto con los dedos “adiós, pendejito adiós”.

Veinte años. Con razón. Veinte años tenía y yo ya la estaba imaginando… desnuda, girando vertiginosamente. Podría casi sentir su piel, tierna, perfumada de su sudor y su vientre joven… yo nunca he sido de los que bailan, pero no me importó. La música a todo tren. Buen pretexto para acercarme a beber su aliento. Me voy enterando que le gusta salir al centro, que le gusta la orquesta que toca ahí seguido, mientras bailan parejas mayores. Después de todo, el encanto de aquella jovencita no es solo lo que veo… es lo que puedo oler, como un perro de presa. Es su habitación con posters, las canciones fresas de su celular, sus calzones rosas con franjitas de colores, sus tenis… el leve roce se sus labios en los míos mientras bailamos y nos acercamos a pedir un momento de descanso… me fui al baño lamiéndome la boca. “¡Mesero!... ¡atiéndeme a esa muñeca, que no le falte su cerveza!” – dije, altanero. ¡No puede ser que se me caiga el negocio!

Y así fue. Pasaron más y más tandas de música. Aproveché la ida al baño y me acicalé, me desabotoné la camisa un poco, me dije a mi mismo miles de frases halagüeñas. Las amigas, que eran mi mayor riesgo, ya eran una molestia. “Yo te llevo” fue mi argumento más socorrido. Y miren que para aguantar las veladas amenazas de las amigas, mi princesa se pintó sola. Que si la escuela, que si sus papás, que si vayan a llamar a la casa y pregunten por ti… ella parecía ceder, pero no se levantó de la mesa. Entonces, ya más entonado y valiente, bailamos. Bailamos porque simplemente quería verla moviéndose, saber que aquellos cincuenta y tantos kilos de apetecible anatomía eran de verdad… y yo iba a saberlo ¡chingo mi madre si no!

Salimos, claro, abrazados. Ella, sin las luces frenéticas y el ruido, luce todavía más chica. Más niña y yo, no pude evitar sentirme excitado de mirar su respiración agitada. Vamos por el coche y en el camino, nos besamos con ansiedad. Ella no es tan buena en los besos, pero nada de eso importa, al contrario… hice planes de todas las caricias que podía estrenar en su cuerpo. Y bueno, a hacer más labor de convencimiento. Ella por momentos se veía asustada por lo atrevido de mis caricias. Me dijo que no quería cometer algo de lo que pudiera arrepentirse, y yo, la callé a besos, la abracé fuerte y proveché para sentir la dureza de sus senos, las espigadas caderas… entonces, me miró. Me besó y sonrió, tierna y torpemente. “Nunca había hecho esto” – dijo, me encendí más. Ella me abrazó de una manera diferente. Sentí su aliento bajando por mi pecho.

Pero no. Aquello, para mí, tenía que ser algo todavía más inolvidable y se lo dije, ella puso una cara de pícara tremenda y sonrió, aproveché: “Dame tus calzones” Ella me miró por un momento, y pensé que ya la había cagado. Ella dijo, conteniendo un eructo “¿aquí?” – “no, bájate del carro y mientras que le das de vueltas al arbolito te los vas quitando”… “Ay, ¡que malo!” y así pasó. Se enrolló la pequeña falda de mezclilla y pude sentirla, temblorosa, mientras se quitaba aquella prenda.

Me metí al estacionamiento del hotel. Ella, nerviosa, se quería cubrir con las manos, fingía que se le caían cosas, vaya… yo, en cambio, solo voltee a ver al encargado y me hizo un cortés ademán. Llegamos, la cargué y la deposité suavemente en la cama. El hecho de saber que estaba así, a mi merced, me encantaba y no esperé más. Levanté sus piernas y enrollé la falda para probarla, hincado en el piso, con la camisa estorbándome, la probé y ella, con una mezcla de excitación y vergüenza, gemía deliciosamente, despacito, prolongado… y eso fue el comienzo solamente. La puse de rodillas también, me puse arriba, la jalé de las caderas, me cabalgó, estallamos de placer… supe entonces que ella no era novata en estas cosas del amor… pero si pude ver que estaba prácticamente virgen, como un manjar mosqueado, solamente. La disfruté, ella gritó y se sacudió… el alcohol hizo su parte y nos quedamos dormidos.

Me vestí corriendo. Me puse la mano en la cara, soplé y si, apestaba a alcohol. ¡Seis y media, putísima madre! Ella, despertó deliciosamente, como una gatita, entre las sábanas. Vio seguramente mi cara de apendejado y empezó a alzar su ropa, me metí al baño, mastiqué papel, incluso, me chupé una toallita perfumada, ¡no chingues!... ella, se vistió en un santiamén, apenas nos miramos a los ojos. En el coche, las preguntas pertinentes nomás, la llevé a casa de la amiga aquella, le marcamos mil veces al celular, nos castigó hasta que por fin, salió a abrir. Entró en la casa y yo, todavía sudando, le hice la típica señal de despedida. Ella sonrió levemente, con pena. Y se fue.

Yo, todavía oloroso a su sexo, al alcohol, al jabón corriente… pensé. ¿Y que si ella se enamora de mi de verdad? – que pendejo… una muchacha como ella no se va así, con cualquier pendejo… seguramente siente algo por mi… por suerte, tengo su número, su correo y hasta su metroflog en una servilleta… ah, Kenny… saco de el bolsillo interior los calzones infantiles, tiernos, femeninos… los miro. Así, con el pulso tembloroso, escribo “Kenny – 22-02-09” y los meto en la guantera. Ahora sí, vamos a ver qué mentira le invento a mi mujer.

Julio cesar

jueves, 12 de noviembre de 2009

Creo que...

Así como todos somos participes del pecado del primero, lo somos también de la expiación del segundo.