martes, 31 de marzo de 2009

1968: Riding to the storm

Por Gabriel Trujillo Muñoz

Esta es la luz que habla

En susurros pero habla desde el asiento trasero de un plymouth 1956

Rumbo al norte: al Centro de las cosas: donde los ángeles

Son destellos en el cofre del auto: un brillo en la antena

Que oscila a 55 millas por hora

¿Qué escuchamos en este momento

Mis padres y yo? ¿Una canción de los Beatles? ¿Una pieza

de Mantovani? ¿A qué año me refiero cuando digo ahora?

1966 tal vez: no: un poco más adelante: 1968

Un buen año en sus comienzos: dicen que habrá olimpiadas

En México y los astronautas van a intentar descender en la Luna

El futuro está con nosotros y usa casco de superhéroe

El desierto está con nosotros y nos deslumbra con sus destellos

Y sus campos olorosos a fertilizantes: vamos: aprisa:

Quiero llegar a las tiendas repletas de juguetes: a las tiendas

Donde los dulces brillan en su plástico alucinante: vamos

Nos aguarda el buffet a la vaquero gringo con sus panes

Enormes y sus trozos inmensos de cordero asado en salsa

[de barbacoa

Esta es la luz que hablo

En aquellos instantes suspendidos en la nada: como un

[espejismo

Que nos cubriera haciéndonos parte suya: el auto acelera

Y mi padre ríe al ver las mariposas que se estampan en el parabrisas

Mientras mi madre se entristece al ver tanta belleza destruida

Esos colores son los de su infancia en el paraíso del sur

En ese reino donde abundan el agua y sus verdores

Para mí la naturaleza son grillos y lagartijas: la mímesis

Que se vuelve su entorno: así soy: un niño que se esfuma

Entre las reverberaciones del desierto: un fantasma que salta

Hacia otros mundos: un correcaminos atraviesa la carretera

Y mi padre frena para no atropellarlos: ¿y el coyote? –me pregunto–

¿Dónde anda? ¿Por qué nunca alcanza a su presa favorita?

El mundo es injusto: no todo lo soñado incide en la realidad

Ni toda realidad es moldeada a nuestro antojo

¿Qué hago aquí?

¿A dónde me dirijo más allá de un sábado de compras

A las diez de la mañana? Luego vuelvo mi atención

A esos gritos que salen de la radio: “Quita esos berridos”

Dice mi madre y dejo de oír la voz de Janis Joplin

Vuelven las melodías instrumentales que me adormecen

Y luego las noticias de lugares lejanos que dan a conocer

El número de soldados muertos en Vietnam: hoy fueron 37

Y hay lucha en Saigón: tomo mi metralleta de juguete

Y disparo contra el enemigo: nadie queda en pie

Cuando termino de jalar el gatillo: ¿quién lo diría?

He matado a cientos y en clase odio toda disciplina militar

Hacer ejercicios y marchar por horas para el desfile

De la independencia nacional: sólo soy héroe en mi imaginación

Sólo peleo batallas en mi mente: como en una película

Donde la guerra es un espectáculo estruendoso: una fiesta

Explosiva con cohetes al aire y colores luminosos

Cayendo a tierra como relámpagos

Nada es real

Bajo el vidrio: percibo el aire helado que golpea mi cara

Es bueno estar vivo y respirar sin dificultad: ser hijo

De la luz que me cimbra de cuerpo entero

Nueve años es mi edad

Y cada imagen es Babel: un horizonte que se desdobla

En su demasía: una acumulación de surcos y canales

Las casas de madera con sus porches crujiendo de termitas

Las hileras de hombres y mujeres que trasiegan con la cosecha

La maquinaria que no se da abasto mientras pasamos a su lado

¿Quién es la sombra aquí? ¿A cuál fantasmagoría

[pertenecemos?

La vida como savia y sangre: como sudor y lágrimas

Contra un fondo azul donde las pacas de algodón se confunden

Con las nubes que se arrastran a flor de tierra

La autopista sigue hacia el norte

Hacia el paraíso donde los ángeles habitan: un mundo

De muchachas bailarinas y perros que aman a los niños

De vaqueros intrépidos y piratas desalmados: una ciudad

Donde los dibujos animados viven en grandes mansiones

Y en cada garage hay naves del espacio a punto de saltar

Hacia la Luna:

Un mundo de luces inagotables

Que yo veo desde la distancia: como un resplandor creciente

Tras las montañas de piedra: tiempo después sabría

Que por esta carretera pasaron en sus autos

Rodolfo Valentino y Tyrone Power: Lana Turner y Ava Gardner

Los dioses y las diosas de Hollywood en sus días

De impecable poderío: en sus épocas de triunfo

En la pantalla: pero ahora sólo nos acompañan

Los hippies a la easy rider: en sus motos gigantescas

Libres en sus vestimentas y cabelleras: con sus barbas

De profetas bíblicos: son como soles que deslumbran

En su paleta de colores: mariposas que zumban

Mientras el cielo se vuelve diamante puro: un tapiz

De gritos y carcajadas: de música ruidosa y aullidos

De coyotes: libres en una forma exultante: de un modo imprevisto

Y jubiloso: ellos que son apariciones de un espejismo

Que me quita la modorra: por más que los denigren

Son como ventanas entreabiertas a un mundo más extraño

Que la dimensión desconocida: y luego están

Las muchachas que los acompañan: esas ninfas que se visten

Como mi abuela pero con atuendos transparentes: como

Hijas de una danza que es remolino y frescura: eternidad

Y contemplación: en sus ojos hay más universos

Que todos los recorridos en un viaje a las estrellas

Esta es la vida que me rodea

La que me contiene: esbozos: primicias: palabras sueltas

Fragmentos de ritmos trepidantes: mi mundo y los mundos

Que colindan en mi espíritu: Mantovani y esa voz

De hada que me pide alimentar mi cabeza con pastillas psicodélicas

Los trabajadores que recogen la cosecha de legumbres

Y los sueños de Hollywood que encienden sus luces

De neón mientras el Sheik de Arabia galopa entre las dunas

Los pequeños poblados con sus infaltables gasolineras

Los letreros que anuncian el mustang como el auto del año

La vida en su vacío plena de estímulos: de quimeras

Por cumplirse: de hazañas a punto de ocurrir más allá:

En alguna parte donde algún día podré ser yo mismo

¿Pero quién soy ahora?

Sólo este niño abandonado a sus alucinaciones

En el asiento trasero de un plymouth verde 1956

Yendo de su casa fronteriza en Mexicali a El Centro: California

Participando del antiguo ritual del shopping: aprendiendo

Que la luz cambia las cosas: trastoca los reflejos

De la existencia: da otro color a las palabras que pronuncia

Sin entenderlas del todo: Main street: free gift: great opening

Un niño que suma lo intangible con lo tangible: lo oscuro

Con lo luminoso: los cercos de púas con las barras cremosas

De chocolate: los guardias de la aduana estadounidense

Con las camareras blanquísimas que atienden la fuente de sodas

Los camellos de Camel con las dunas que se vislumbran

[desde la carretera

¿Soy acaso un fantasma entre fantasmas? ¿Una aparición

En el horizonte de las arenas? ¿Este hombre adulto

Que repasa su infancia en un parpadeo: que apenas

Rescata para sí unas cuantas verdades que son polvo:

Que son viento y vendaval: resabio y remembranza

Puede darse a la tarea de revivir cada detalle

En el paisaje: cada imagen pasando a su lado?

No sé quién soy ahora

Y sin embargo las arenas se mueven en mi memoria

Y dejo de ser sal y sombra: vida y luz: para volverme

Una distancia que se alarga: una carretera

Que es el propio paraíso: con padre y madre a bordo

En un auto que atraviesa los campos de cultivo y se pierde

Más allá de mí mismo: en ese 1968 que comenzaba

Con los mejores augurios: un mundo sin fisuras: un desierto

Donde el tiempo brillaba para siempre

Como la luz del sol en el parabrisas

Mientras alguien cantaba: “El amor es una cosa esplendorosa”

Y los tres pasajeros de aquel viaje sonreíamos al unísono

Felices de ser quienes éramos: de vivir como vivíamos

Una familia más a la orilla de la civilización

Participando en la misma: inolvidable travesía: con el viento

En la cara y el júbilo brotándonos por cada poro

Eso fuimos: ese fue nuestro signo de los tiempos:

El edén no subvertido aún por las devaluaciones

Esa parcela cultivada con promesas de incalculable

Prosperidad: la edad de oro con casa y auto a la puerta

Y comida refrigerada para todo el mes: pero

La perfección era estar juntos: on the road

Como la divina trinidad que es tres en una

Como la vida misma que habita en cada uno de nosotros

Y aunque ya sea pasado: polvo en tolvanera: sus reverberaciones

Siguen en pie: sobre la autopista sin obstáculos

Como diciéndonos: nada se olvida si tú sabes mantener

El espejismo en tu mirada: el resplandor de la infancia en tu sonrisa

Esta es la luz que hablo

Esta es la canción que canto cuarenta años más tarde

Como una celebración por aquel viaje con mariposas muertas

Y el aire tibio del mediodía que se colaba en el auto

Y las voces de mis padres como la lengua de los ángeles

Que nunca volvería a oír: a disfrutar como en ese

Momento de iluminación: ante ese atisbo de trascendencia

A los nueve años de mi edad: con el sol en la cara:

[en un plymouth verde 1956


Acidito


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lunes, 30 de marzo de 2009

QVMT

Todo sobre la boda de Borja.


Afore

Una vieja amiga, con la que compartimos buen y placentero rocanrrol hace algunos años, me busca con insistencia.

Al principio me pareció extraña su llamada y las ganas de vernos. Habiamos roto relaciones... diplomáticas cuando me comprometí la primera vez y ella se casó.
No obstante, en un punto de la conversación, aproximadamente minuto 8, ella preguntó: "¿Cotizas en el Seguro Social?", entonces la luz llegó a mi mente y todo lo vi claro, me quería cambiar de Afore.

Aunque ella fingía demencia me juraba que no me hablaba para ofrecerme nada.Me pareció un truco muy barato de su parte, además mi afore da un poco más que la que ella promueve.

Cabe señalar que su lenguaje fue por demás provocativo y lleno de dobles sentidos con connotación sexual, no sé si así sea el entrenamiento de ventas en su empresa pero en el momento que dijo: "Una vez que estés dentro verás todos los servicios que te puedo ofrecer", si les soy sincero si sentí un escalofrio.

domingo, 29 de marzo de 2009

Lenore


Lenore, "La Hermosa Niña Muerta" es un personaje ficticio creado por Roman Dirge, inspirado en el poema "Lenore," de Edgar Allan Poe. Hay 26 episodios que hace muchos años se transmitieron en Fox Kids a medianoche y que hoy los encuentras en la subcultura de internet. Lenore es una niña no-muerta, zombie, de 10 años que vive en una mansión con sus otros escalofriantes amigos. Busquen todos su episodios en la red.
De mis favoritos son:




viernes, 27 de marzo de 2009

Gobierno pitero mexicano

En México hay violación a los derechos humanos, hay delincuencia, hay narcotráfico, hay gente inocente en las cárceles, TODOS los días hay ejecutados, detienen a mujer indígena que secuestró a cinco elementos de la AFI, aumenta el desempleo, bajan el envío de remesas, dicen que nos quedamos sin petróleo, las deudas por tarjetas de crédito aumentan exponencialmente, ayer dicen que Echeverría no es culpable por el genocidio del 68. Bueno puedo hacer una lista bien larga de todos los males que nos explican el porque nuestro país anda hundido en la mediocridad.

Por supuesto el gobierno trabaja con todo para solucionar todos los problemas. Ja. Pues claro que no, se ocupan de cosas banales o en su defecto se la pasan besándoles los pies a Hillary Clinton, a Nicolas Sarkozy, a diversos príncipes y a todo aquel que sea mejor que nosotros (sentimiento de inferioridad). Como no hay muchas cosas que hacer en el país, Gobernación se ha dado a la tarea de analizar la posible expulsión del país de Manu Chao por opinar en torno al caso Atenco (ese lejano lugar donde la policía golpeó a los pobladores y condenó a sus líderes con penas mayores que a cualquier secuestrador o narcotraficante detenido).

El caso es que lo quieren expulsar por opinar. La nota aquí.

Ya no me molestan estos casos, me decepcionan porque México no se merece tanta estupidez. Me preguntó si nuestros gobernantes se autofelicitan cuando se van a dormir, si dan un gran suspiro y dicen: "Hoy hice algo bueno por mi país".

Odio tanto que...

Primero a la gente que comienza una explicación/respuesta con “pues lo que pasa es de que…”

Después a los taxistas, el pinche radio ese que usan para comunicarse que a parte ni se entiende nada por lo barato del producto.

jueves, 26 de marzo de 2009

EN EL MISMO BARCO

En uno de sus tantos paseos por las cercanías del sanatorio donde se encontraba internado, el poeta Robert Walser exclamó: “Que los jóvenes hagan ruido ahora. Lo que me conviene es desaparecer.” Estaba por cumplir 65 años y no deseaba reconocimientos o aplausos sino hacerse a un lado del camino. ¿Acaso es posible vivir sin pudor? ¿Qué caso tiene insistir con nuestra presencia en el mundo?, pregunto siempre que me encuentro frente un hombre que renuncia. La sabiduría no se revela la misma en todos los ancianos; mientras unos se aprestan a orientar a los más jóvenes, otros prefieren encerrarse en una ermita a rumiar su escepticismo: maestros o santos, los sabios se contradicen. Tampoco es la sabiduría asunto que sólo concierna a los viejos: la experiencia es poca cosa sin la sensibilidad propia de un ser que se sorprende en su paso por el mundo. Más que la acumulación de años, es el sentido de nuestra mirada el que abre camino hacia parajes menos burdos o inclementes.

Hace veinte años, en su libro La derrota del pensamiento, el filósofo francés Alain Finkielkraut se sorprendía de que Europa girara como autómata alrededor de los jóvenes. ¿Acaso han descendido de una nave espacial? Su presencia causaba una atención desmedida, como si nunca antes se hubiera tenido noticias de su existencia. Las causas de esta veneración no se debían sólo a la influencia de las rebeliones juveniles de los años sesenta o a que los comerciantes encontraran en estos seres del espacio una veta para extender su mercado más allá de la tierra, sino también a la disminución en todos los sentidos de la conciencia histórica. Se respiraba la necesidad de abandonar cuanto antes una época que contaba al humanismo entre sus más preciadas víctimas. Las guerras mundiales, el holocausto judío, las barracas siberianas de la utopía comunista, las bombas nucleares lanzadas sobre poblaciones indefensas minaron las conciencias más sensibles a un extremo que varios filósofos y escritores proclamaron que después de Auschwitz el pensamiento humanista había culminado (Adorno, Lyotard, Kertész). ¿Para qué aumentar el conocimiento, escribir poesía o creer en los ideales de la Ilustración si de todas maneras, y no obstante sus derechos universales, los hombres descendieron al estado de cosas en los campos de concentración?

Después del conjunto de experiencias traumáticas sufridas en el transcurso de la centuria pasada, los jóvenes no sólo tendrían derecho a ser escépticos, pesimistas, pasotas, drogadictos y cínicos, sino también a renunciar a la idea de que existe una historia que progresa (aun si esta renuncia no es consecuencia de una reflexión). Es en este punto cuando el tiempo abandona su vocación de futuro para instalarse en un presente eterno: contra el tiempo que avanza en busca de una realización, se impone un tiempo que gira sobre sí mismo. Una mutación similar sucede con respecto al espacio: se experimenta el espacio frente a una pantalla luminosa más que recorriendo las calles, y un hedonismo ensimismado se impone al desprestigiado placer de la orgía social. No me parece extraño que sea en el cuerpo, más que en la plaza pública, donde el misterio conserve todavía una puerta de entrada y en donde los jóvenes más desprotegidos encuentren cierto sentido a sus vidas. Que un escritor embelesado en la cultura humanista como George Steiner posea la siguiente impresión sobre los seres humanos es poco alentador: “Somos un bípedo capaz de un sadismo indescriptible. Nuestra inclinación a la matanza, a la superstición, al materialismo y al egotismo carnívoro apenas ha cambiado durante la breve historia de nuestra residencia en la tierra.” A partir de estas anotaciones quejumbrosas, quiero insistir en que los jóvenes como realidad presente son algo más que el símbolo de un futuro distinto: son también la consecuencia de un pasado desastroso.

Hasta ahora he escrito como si los jóvenes pertenecieran a una entidad que carece de fisuras, a un barco sólido que se mueve según los vientos provenientes de una historia común. Sin embargo, no es así, ya que la juventud es en buena medida una invención. Se trata de una especie de drama pasado de moda: ni la historia tiene una dirección o una consistencia objetiva, ni los jóvenes, en el sentido cronológico de la palabra, conforman un ejército homogéneo de seres unidos por una tarea épica.

Para darme valor y hablar sobre estos asuntos suelo citar a Montaigne, quien de manera lúcida y cruel nos hace notar que hasta un recién nacido tiene edad suficiente para morirse: el haber nacido no nos exime de ser desgraciados. De cara a los mitos demacrados de la sociología o la historia, prefiero buscar en los jóvenes lo que tienen de singular más de lo que tienen en común. Es esta la única manera honrada de enfrentarse a un ser humano, despojarlo de su ser común e intentar comprenderlo en su soledad intrínseca, en suma: expulsarlo de la utopía (y me pregunto nuevamente: ¿qué valor trascendente puede tener un joven que se está haciendo viejo?)

No descubro nada nuevo si afirmo que la juventud es siempre tierra propicia para cultivar el romanticismo. Intentar que nuestra vida sea lo más parecida a una obra artística, creer que la verdad se encuentra más cerca del ser primitivo, despreciar las convenciones de la clase ilustrada, desconfiar de quienes imponen dogmas morales y ser habitantes del oriente eterno son sólo algunas raíces de un romanticismo que de ninguna manera es invención de una época (Diógenes, los goliardos medievales, los poetas alemanes del siglo XIX, las vanguardias artísticas y los movimientos estudiantiles del siglo pasado son sólo algunos momentos de un espíritu romántico que perdura en el tiempo). Cuando August Schlegel dice que las raíces de la vida están perdidas en las tinieblas, nos coloca en el centro de una orfandad que poco tiene de contingente: si un joven es capaz de acompañarte en esa soledad ontológica, y se despoja de su papel redentor, no será presa sencilla de un mercado que reduce a los seres a ser sólo consumidores. Tengo la sospecha de que tomar las riendas de un mundo detestable no es deber de una juventud formada de individuos, como tampoco lo es encarnar el ideal romántico de los adultos: que los viejos vean en los jóvenes la consecuencia o el deterioro de sus ideales es inevitable, pero bastante injusto.

En estas notas viene a cuento una frase de Melchor de Jovellanos que por supuesto suscribo de inmediato: “Jamás concurriré a sacrificar una generación presente por mejorar las futuras.” He allí, me convenzo, una actitud de lo más conveniente para compartir este mundo con quienes tienen la mala suerte de ser jóvenes: considerarlos seres sujetos a un derecho que ellos no inventaron pero que tienen –en tanto se rebelan– el deber de asumir. Y darles la bienvenida al peor de los mundos posibles, volverlos cómplices, no representantes de la utopía, en resumen: compañeros de la misma desgracia. ~

Guillermo Fadanelli

Aleida