domingo, 7 de julio de 2013

Que asco de vida

Hoy, me he dado cuenta de que el simple hecho de que una chica decida no depilarse es un verdadero acto revolucionario.

Hoy, como siempre, me puse a hacerle bullying en coña a mi perro, mordiéndole la oreja. De repente, sentí algo crujir. Había mordido una garrapata.

Hace unos meses, vino a casa la hija de unos amigos de mis padres. Tiene tres años. Para que estuviera entretenida le di unos papeles y pinturas y, mientras estaba concentrada en su dibujo dijo con voz siniestra: "Mi padre tiene un cuchillo, un niño de mi clase se murió". Ahora tengo miedo de su padre.

Hoy, y desde hace años, mi autoestima está a cero, cuando esta mañana he ido a comprar al supermercado he decidido esperar cuarenta y cinco minutos para que una de las cajeras acabara su turno y fuera sustituida por un hombre y así poder pagar la compra.

Hace tiempo, que tengo la costumbre de ir bajándome los pantalones antes de entrar al baño, para así ahorrar tiempo. Hoy mi cerebro ha creído oportuno hacerlo, en los baños de la universidad, en hora punta.

Hoy, mientras sacaba a mi perra, vi que venía una pareja por la acera con un perro pequeño y un niño pequeño. Hasta aquí todo bien. Hasta que me di cuenta de que llevaban al niño con correa.

Hoy, me siento tan solo que me he comprado un espejo enorme para ponerlo en la cocina mientras ceno para sentirme acompañado.

Ayer, tenía tanta prisa en salir del gimnasio que después de ducharme no me sequé el pelo. Al salir del baño, noté que todo dios me miraba,y no sabía el porqué. Al llegar a casa y mirarme en el espejo supe la razón, el pelo mojado se pegó en la camiseta, ésta se mojó y se me marcaba todo el pecho y el pezón. De la prisa se me olvidó ponerme sujetador. Creo que ya va siendo hora de cambiar de gimna.

Finales

Soy fan de la series. De hecho creo que veo bastantes, entre ellas no podría faltar The Walking Dead, la cual gracias a sus gran éxito decidieron hacer un videojuego de la serie.

Un juego digital dividido en 5 episodios en formato de serie de televisión, hacen del juego una buena entrega llena de elementos de suspenso y cuestiones morales. El juego se basa principalmente en tomar decisiones, a quién ayudar, en que momento es correcto mentir y a quién apoyar.

No pasa nada si no lo juegan, pero sí pasarán un buen momento al jugarlo los 5 capítulos. Vean uno de los múltiples finales y del cual no fue el que yo saqué.



Vibraciones

viernes, 5 de julio de 2013

Oda a nuestra individualidad

Una mañana te levantas y te has cansado de ser tú. Porque ser tú misma o tú mismo es terriblemente agotador. Y una condena insalvable. Es cargar con la piedra de Sísifo ad infinitum. Ser una rutina. Ser un itinerario. Ser una suma de hábitos. Repetirse con una precisión diabólica, matemática, científica. Ser la domesticación encarnada en una aburrida serie de infinitivos. Despertar. Desayunar. Conducir. Trabajar. Pagar las cuentas. Enamorarse. Desenamorarse. Enamorarse. Más despertares, más desayunos, más autos, más trabajo, más cuentas. Cada vez menos enamorarse y desenamorarse. ¿Por qué hacerse adulto se reduce a un rosario infinito de responsabilidades? Vaya tortura disfrazada de éxito. Estoy cansado. Sí, entiendo bien que trabajar dignifica al hombre (y a la mujer) y que una vida productiva es una vida sana. Pero, pero, pero: tengo mis asegunes. Permítanme, muy míos y bienamados lectores, que reniegue, una vez más, de nuestros provechosos y eficientes valores dosmileros. Para empezar: ¿por qué siempre tengo algo que hacer?, ¿y por qué cuando ocurre el milagro de que por un nanosegundo no estoy haciendo nada, me entra una culpa intolerable? Para seguir: ¿por qué tengo que cambiar de coche cada tres o cuatro años?, ¿por qué tengo que cotizar para el IMSS y alimentar mi fondo de ahorro para el retiro si ni siquiera sé hasta cuándo voy a vivir?  ¿Por qué tengo un crédito hipotecario de quince años que me obliga a trabajar como perro de trineo para poder liquidar un departamento que me habrá costado el triple de su valor gracias a la tasa de interés más abusiva del mercado y a que este gobierno pusilánime y huevostibios es incapaz de regular a los rapaces bancos? Para continuar: ¿por qué tengo que despedazar mi cuerpo y mi metabolismo para ser atlético y delgado?, ¿por qué no puedo engullir sin angustia ni promesas de penitencia una barra de chocolate con almendras? Para deprimirme: ¿por qué debo tener el smartphone más reciente y más smart que yo? Háganme el recabrón, rechingado y recarísimo favor. Para que se asusten: la estadística de personas que se endeudan con el fin de comprar un smartphone, comprometiendo incluso su préstamo de desempleo del IMSS, va en aumento. Todo por un insignificante teléfono. Todo por un pinche teléfono. Todo por un objeto que hace veinticinco años ni siquiera figuraba en nuestro panorama y ahora nos resulta tan vital como el oxígeno que respiramos. Para deprimirme otro poquito: ¿por qué vivo solo?, ¿por qué vivir solo es lo más cool de nuestro tiempo?, ¿por qué practicamos este fanático culto a la individualidad?, ¿por qué la felicidad se asocia a la “calidad de vida” que a su vez se asocia a cuánto me gasto al mes en mí mismo? Para pensarlo en serio: ¿por qué nos empeñarnos con tal terquedad en alargar el promedio de vida?, ¿por qué y para qué queremos ser tan longevos si sólo vivimos en un conteo permanente de  la existencia? Para pensarlo tan crudo como es y sin hacer concesiones autocomplacientes: ¿para qué queremos llegar a viejos si cuando nos convertimos en respetables ancianos, estamos condenados a ser excluidos por completo de esta sociedad ciegamente adoradora de la juventud? Que alguien nos ilumine o nos elimine, o nos dé algo. Eutanasia, por ejemplo. Cuantificamos las calorías ingeridas y las quemadas, los días, las horas, los kilómetros, los kilos y los gramos ganados o perdidos. Cuantificamos los amigos en Facebook, las estrellitas en Twitter, los correos electrónicos sin leer y los leídos, las canciones en la playlist, los contactos en WhatsApp, la memoria disponible en los gadgets. Los puntos en esta tarjeta y en la otra y en aquella. Los sellitos de cliente frecuente en esta tienda, en la otra y en la de más allá. Sellitos infantiloides y ridículos. Puntos premia. Puntos viaja. Puntos oro. Puntos triples. Puntos recompensa. Pinches putos puntos. Punto. Soy un amargado, ya lo sé, no les voy a regatear en ello. También sé que soy un Narciso clasemediero, por eso me ocupo tanto de mí mismo. Es más, para ser justo: ocuparme de mí mismo es a lo único que me dedico. Estoy del carajo pero algo me dice que no voy solo en esto. Dedicarse a sí mismo parece ser la especialización del siglo. Y contar, insisto. Somos nuestros números. Soy mis números. Tres son los empleos que he tenido. Dos mis créditos con el banco. Y uno es el cansancio permanente, incesante, vitalicio. No, corrijo: uno sólo es un pendejo.