lunes, 14 de agosto de 2017

Ámala

ámala, ámala en estado sólido, líquido y gaseoso.
ámala cuando no se depile bien las axilas. ámala más cuando rompa en llanto, cuando se le atore el llanto, cuando la queme el llanto. quiérela. cuídala. ámala, también, cuando le caches dos que tres mentiras. abrázala. bésala de pronto, piensa en ella hasta a escondidas, piénsala un montón, descúbrete pensando tanto en ella que no te quede de otra más que reír. mándale besos, treinta, noventa, ciento cincuenta mil besos.
y también déjale saber todo. cuando la eches de menos no le inventes historietas mal tejidas, dile que andas inquieta, que deambulas como si se te hubiera botado la canica, como si anduvieras en dos pies izquierdos, y que es por ella y pregúntale sin cobardía que cómo carajos van a remediarlo. dile, de pronto, que la necesitas. y aunque no sea cierto, dile que no vas a volver. provócala. no la hieras, eso déjalo a quienes no han muerto de amor.
háblale de tú y de usted y de las dos: dile “nosotras” repetidas veces, usa el nosotras para cada tontería: nosotras fuimos, nosotras somos, nosotras cualquier cosa. acostúmbrala a tu amor desgarrado, a la bestia que ama en tu nombre. déjale saber de qué estás hecha cuando te vayas azotando la puerta de su casa. que vea el rojo de tu fragilidad.
abrázala ciento cincuenta mil veces porque cuando ya no estés con ella verás que nunca de los nuncas fue suficiente. háblale de amar, de las costas y las palmeras y de los lugares donde no has estado. que le den hartas ganas de ir a los sitios que le cuentas para que te dure otro rato.
apriétala a tu cuerpo aunque no sea de noche, embárratela en las entrañas. úntatela, conócela, tócale las uñas y las yemas de los dedos con las yemas de los tuyos. revuélcate en la punta de su nariz. pégate a sus mejillas y, apenas puedas, bésale la frente, la barba, las rodillas y la nuca.
y déjala si quiere irse, aviéntasela a las estrellas.
y nada de amarla o besarla como si estuvieran en las últimas, hazlo con tremenda garra que apenas distingas. siéntate, cántale, báilale en los oídos y en los pies. cárgala. chúpala sin miedo: pásale la lengua de arriba abajo. y descansa en ella, déjate caer sobre sus costillas y su vientre y sus tetas: sobre ella. dale ciento cincuenta mil razones.
y cuando te enojes mírala a los ojos, atraviésala, dile que te hiere. y ya luego, si pasa que no te hallas en su cielo, dile que no volverás. sostenla como ella hizo tantas veces contigo. y no vuelvas, tú ya sabes cómo es morir de amor.

viernes, 11 de agosto de 2017

Trabajo


Estos últimos días he tenido que intercambiar ideas con el alto sector académico del país. Y vaya que tienen un gran problema de autoestima y nada dispuestos a escuchar críticas, posiblemente sea el sector más intolerante.

lunes, 7 de agosto de 2017

Qué parió






El códice de las aves

y traías una bufanda al cuello, el bluyín ajustado, unas zapatillas con brillos en las puntas y el corazón destapado. todo destapado: bien nítido, vivo, granate. y me mirabas, no sé, tan resuelta, tan dispuesta a regalarme pedazos de tu vida acendrada.
hablabas como si el viento nunca te soplara el coraje. no soy exótica para nada, dijiste algunas veces. y, bueno, no eras, pero nunca hizo falta.
quién sabe, yo estaba diciéndote cualquier tontería cuando nos pusimos a espiar la conversación ajena de aquellos dos que estaban frente a nosotras y se entendían más por cómo se miraban. no lo pensamos mucho y, aunque nos pareció morboso, nos pusimos a adivinarles el destino: yo dije que pronto terminarían rompiéndose y tú dijiste que no; te creí porque tú veías lo que yo no y nos habías visto en ellos y tu fe siempre fue más grande.
estuvo chistoso porque bastó que una paloma te cagara la espalda para gastar lo que quedaba de la tarde en hablar del códice de las aves. de cómo los árboles eran sus casas y de pronto vuelan a cualquier parte del cielo, de cómo se hablaban entre ellas y sin avisar se perdían en lo alto con una sincronía que no parecía de verdad.
luego pasaron muchos días y se puso bueno porque nos inventamos un amor alado. quién sabe, del genuino deseo de hablar como las aves.
entonces lo nuestro fue también una emulsión porque nos besábamos como si al semáforo solo le prendiera el verde. y en el poquito tiempo que estuvimos juntas nos volvimos viejas porque un día juramos que el futuro no existía. nos quisimos como las grandes.
es más, aún nos preguntamos si nos encontraremos otra vez porque ninguna logró irse del todo. y qué ganas, en serio, de repetirnos.

viernes, 28 de julio de 2017

Actualización


En realidad no tengo nada que decir, mi situación esta en el limbo y parece que así continuará básicamente porque me niego a moverme y hacer que las cosas sucedan.

lunes, 24 de julio de 2017

Qué parió



Vivir

Hay momentos en que te encantas y otros, que te encuentras miles de defectos.
Hay ocasiones en que la fuerza con que te levantas te hace sentirte como un gigante y otros, tienes tantos miedos que te sientes un ratón.
Descubres que tienes miedo de vivir, miedo de equivocarte, miedo de no poder, miedo de enfrentar las cosas diarias de la vida y del día a día.
Tu corazón comienza a tener miedo de que hoy recibas esa noticia que temes hace tanto tiempo.
Pero, extrañamente, otros días… te sientes valiente, puedes enfrentar todo y a todos, te sientes capaz de batallar contra un huracán y salir airoso.
El miedo es una palabra nada más, las críticas no te afectan, los fracasos son enseñanzas y vivencias, y los éxitos, recompensas a tu esfuerzo.
Y ahí uno va, pasando de un estado a otro. Tratando de ser valiente. Viviendo.
Ayudando a los demás, aunque estés luchando con tus propios problemas. Dando ánimos a las personas de tu entorno, aunque ni tenga ganas de hacerlo. Ocultando tus propios miedos y tristezas… porque “ahora no es el momento”.
Riendo a pesar de haber llorado, porque “me necesitan”.
En definitiva, la vida no es fácil. Y el vivirla, ya por si, es un logro. Y vivirla y hacer algo productivo con ella es sólo de héroes.
Es importante recordar que nuestra vida es más grande que nuestros miedos, que nuestras fuerzas deben ser mayores que nuestras dudas. Que a veces podemos sentirnos confundidos, pero si prestamos atención en nuestro corazón encontraremos la respuesta. A veces, el problema es que nuestro corazón no quiere admitir lo que nuestra mente ya sabe.
Vivir no es nada fácil, pero dejar de vivir no es una opción.
Así que, una de las decisiones que viven los valientes a diario es tener que escoger entre vivir el día con un buen estado de ánimo o derrotados. Uno aprende a tomar la decisión correcta y a ser feliz con lo que hay, cuando entiende que estar triste no sirve para nada. Entonces, ¿intentamos ser feliz?
Pd. Un abrazo para esos valientes que se atrevieron a vivir un día más hoy, lo estamos logrando… hemos vencido.

viernes, 21 de julio de 2017

Avatar


Ya estoy terminando el tercer libro de la Leyenda de Korra, y aunque la Leyenda de Aang fue épica, cada vez se pone mejor esta entrega, aunque no termino de entender porque el Avatar no es nada poderoso, es muy fácil derrotar a Korra. Gran serie a pesar de que se arriesgaron a tener un personaje más adulto.

lunes, 17 de julio de 2017

viernes, 14 de julio de 2017

Deudas


Las deudas me están comiendo, pero si no gasto no tendría sentido vivir. En necesario pasarsela bien ya que considero que mis últimos años de vida la pasaré bastante mal, así que qué más da vivir muy bien a estas alturas.

lunes, 10 de julio de 2017

Bleach

Así es, no hay más que destino para nosotros
solo los que perdimos el camino
somos tragados por el miedo y la ignorancia
y caemos en esa corriente fangosa llamada destino.

Qué parió



viernes, 7 de julio de 2017

Cívica y ética


En mi trabajo me encargo de los contenidos de los libros de texto y ante un nuevo programa de estudios simplemente tengo que concluir que el verdadero fracaso no es matemáticas o español, es Formación Cívica y Ética la cuál no ha logrado crear mejores ciudadanos, más responsables, que luchen por los derechos de todos y alejados de la corrupción, patético.

lunes, 3 de julio de 2017

Tengo 46 ¿y qué?

En días pasados, Claire Marie me pregunta:
– Mamá, ¿qué día cumples?
– El martes – le dije – En este año, sería el día #2 de la semana.
– ¿Y cuántos cumples, mamá?
– 46
– ¿Eso es mucho o poco? – vuelve a preguntar pensativa.
– Hija, eso es relativo.
– ¿Cómo así, mamá?
– Bueno, hija… te lo voy a poner fácil:
Si tu papá, antes de irse al trabajo, me da un beso… me siento de 23 años, enamorada.
Si tu padre y yo, nos peleamos… me siento como una adolecente de 16 años, llena de un sinfín de emociones que van desde la rabia hasta el orgullo y pasando por la tristeza.
Si Yayo, tu abuelo, me dice: “Eres mi sol”, ese día, soy una niña de 6 años que se siente protegida.
Si llamo a Yayita Catur para preguntarle por alguna receta de comida, la forma en que ella me habla, me hace sentir de 9 años, edad en que me enseñó a cocinar.
Si tus tías, Kiki y Dodo, me escriben y me mandan un chiste, en ese momento, tengo 15 años porque revivo nuestras risas juntas.
Si tú, mi Claire Marie, al probar algo que te cociné, me dice: “Mamá, nadie cocina como tú”… en ese momento siento que tengo 35 años. Alguien joven pero con experiencia.
Si el día amanece un poco nublado y me duelen todos los huesos… Ay, esa mañana, me siento de 96 años.
Hija, yo nunca imaginé que iba a cumplir 46. Y es que, eso lo encontraba demasiado lejos. Algo así como de viejitos. Mínimo, un jubilado. Hoy, creo que porque tengo cierta edad, cuando veo alguien en bastón digo: “Está joven”, más bien, creo que tratando de ser solidaria.
(Ella se reía… le divierte que le diga cosas así.)
Bueno, hija, en resumidas, la vida está basada en nuestras emociones. Toda entera.
Esas emociones hacen que tengamos energía o no. Que estemos sanos o enfermos. Que enfrentemos la vida con un escudo y una espada, o escondidos dentro de un hueco.
Ojalá nuestras emociones fueran siempre óptimas, como las de un valiente guerrero… pero somos seres humanos, no robot. Así que, algunas veces es mucho y otras, poco. Todo depende de nosotros y de las circunstancias.
Lo ideal, hija, sería poseer emociones balanceadas, porque una cosa es crecer físicamente y otra es madurar emocionalmente. El paso del tiempo, no asegura que seremos personas más maduras. Así que, el chiste aquí es, crecer física y emocionalmente porque de esa manera… uno le da prioridad a las cosas y a los momentos y no a los números de la edad.
Y cuando amamos… nos sentimos inmortales, llenos de esperanzas, viendo la vida con valentía. Entonces, ¿nos atrevemos a crecer?

Qué Parió





domingo, 25 de junio de 2017

EZLN



Lo mejor de las fotos es saber que la primera foto le molestó al subcomandante Marcos ya que lo hacía ver débil.

viernes, 23 de junio de 2017

Ser buena persona


He estado viendo la serie Better Call of Saul, la cual en tiempo cronológico ocurre antes de la serie Breaking Bad. En consecuencia ya sé lo que le ocurrirá a varios de los personajes. La gran sorpresa es que el personaje principal es una buena persona y poco a poco podemos ver cómo esa buena persona se va volviendo en un ser tramposo y manipulador. Pero mi duda es ¿él cambio o lo cambió la sociedad?

Supongo que es una mezcla de ambas, lo discutí en el trabajo y no llegamos a nada. Pero siempre me ha sorprendido conocer a gente que es cero malicia.

lunes, 12 de junio de 2017

Qué Parió



Cada quien quiere y olvida a su manera

He tenido amigas con toda clase de cordura y locura… Bueno… los seres humanos somos diversos en todo.
Una vez, una amiga terminó con el novio. Ella estaba destrozada por dentro… yo lo sabía porque era su confidente. De día, se la pasaba llorando su amor fallido. Sin embargo, de noche, se maquillaba, se perfumaba, se vestía mejor que nunca e iba a los lugares que su ex novio y ella frecuentaban y se mostraba feliz, radiante. La pobre, de la misma tristeza, había adelgazado casi diez libras, e irónicamente, nunca se había visto mejor. El chico quedaba embobado sólo de verla. Y es que, la verdad, ella brillaba. Él, se frustraba. Se entristecía. Tomaba todas las noches y se emborachaba de la frustración y la impotencia de haberla perdido. Ella, ante todos y por su actuación, parecía que no se daba cuenta. Que era ahora cuando empezaba a vivir. La vida le sonreía… Esa era la imagen que proyectaba.
Mientras ella bailaba con todos, reía a carcajadas y parecía ser feliz, él tomaba y se tambaléaba por ahí por la borrachera. Se le veía infeliz. Tanto fue la tristeza de él que un amigo, en un acto misericordioso, fue a hablar con ella: “Perdónalo. Te necesita. Está perdido… Ya no sabe cómo tomar las riendas de su vida…”
Y ella, que tenía el corazón destrozado, no sé cómo dijo con tranquilidad: “No… No puedo negar que lo amo pero, él, amándome, me ha hecho infeliz.”
Dio media vuelta y se fue a bailar con otro. Recuerdo que al pobre muchacho se lo llevaron, esa noche, entre cuatro amigos cargado, porque no podía ni caminar.
Al día siguiente, mientras ella con los ojos llorrosos me hablaba, no pude más y le pregunté:
– ¿Por qué? ¿Por qué no aceptáste regresar con él? ¿Por qué sufres?
Y, ese día, ella me trató de explicar algo que sólo entendería muchos años después.
– María, no todo el que me ama me conviene y no todo al que amo, merece mi amor. Quizás suene complicado, pero la vida no se basa sólo en el amor. Para que un amor perdure, debe ser racional. El amor irracional y momentáneo no tiene fundamentos ni base. Está destinado al fracaso. Y a la larga, es una pérdida de tiempo. En la etapa del enamoramiento solo se ve lo que se quiere ver. Y yo, como cualquier ser humano, vi lo que quise. Él, amándome me ha hecho infeliz de muchas maneras, con muchos gestos. No me supo querer, no sé si por ignorancia o no. Y yo, asumí que el amor era así y que todo mejoraría, pero quién nos lastima, no nos ama. Hoy me pregunto: “¿En qué se basará nuestra relación cuando el amor mengue?”. Uno debe ser lógico. El amor pasional no dura toda la vida. La gente termina equivocándose, porque confunde el verdadero amor con la pasión. Y es que nosotros somos imperfectos. Pero después de ese amor pasional, viene un amor mucho más fuerte, mucho más duradero. Y eso, con él, no lo voy a conseguir.
– Pero, estás sufriendo. Tampoco eres feliz. Te veo y te siento triste… – le dije desesperada.
Ella, sonrió suavemente. Y con cierto pesar, me dijo:
– Llorar aligera el alma. Es normal. Luego, me hace pensar con tranquilidad. Algunas personas dicen que llorar no cambia nada, y es cierto, pero uno ve los problemas de manera distinta cuando se siente más relajado. Y me ayuda a dejar salir las emociones negativas. La gente se siente incomoda con el llanto pero, a veces, es necesario. Como en está etapa para mí. No se puede ser fuertes siempre. Debemos desahogarnos.
La verdad es que reconozco que en ese momento no entendí todas sus palabras. Pero hoy las entiendo. Yo también he llorado. Y es verdad, después del llanto viene la calma. No me avergüenza decir que soy un ser humano sentimental. Pero también aprendí que la vida y sus situaciones te obligan a ser cada día más fuerte. A darle la importancia a las cosas en su medida. A no cargar problemas ajenos, porque a veces con los tuyos no puedes. A perdonar y perdonarte, aunque perdonar no sea fácil, pero más difícil es vivir con dolor, rencor y orgullo. A no sufrir por cosas sin sentido. A no apegarse a nada. Pero a pesar de todo, sigo pensando que la vida es buena. Y que hay que tener valentía y coraje para vivirla. Y eso no lo tiene cualquiera.
 Y termino con una poesía que leí por ahí… de alguien que quizás pocos conocen y que se hace llamar Delia E. Una poesía con la que me siento identificada:
Me admiro, sí, porque a pesar de
todo lo malo que me ha pasado, aquí sigo,
nada me ha derrotado. Han sido fuertes mis
caídas, han sido grandes mis heridas, pero
ni siquiera ellas me han quitado las ganas de
seguir caminando en esta vida. Crecí más,
con cada vez que me logre levantar. No voy
a negar que en ocasión me tiré a llorar,
pero esas lágrimas fueron las que me  dieron
fuerzas para continuar. Y aunque caiga mil
veces más, sé que siempre lograré volver
a ponerme de pie. Porque cuando uno
quiere y decide ser fuerte, lo es.
Delia E
Poetisa Loca