lunes, 30 de enero de 2012

Las brujas


Encantadoras las claves para distinguir a una bruja según el estoico Roald Dahl en su libro The Witches: de entrada, estas mujeres infernales viven ocultas en nuestra sociedad. Son calvas pero usan pelucas, lo que les causa horribles comezones. Sus manos son coronadas por garras puntiagudas, por lo que usan guantes para esconderlas. Sus pies son cuadrados y no poseen dedos --por eso una bruja no usa "zapatos bonitos". Su saliva es azul, y las pupilas en sus ojos cambian de color caprichosamente. Por supuesto, emplean la magia, pero con un fin perverso: para deshacerse de los niños. La razón de su odio contra los infantes, quizá, es que no toleran el olor que éstos despiden. Las brujas del libro de Dahl no son amables: quieren matar a todos los niños del mundo. El método podrá parecer estúpido (convertirlos en ratones para que así alguien más se los despache), pero no hay que olvidar que la intención de Dahl era hacer un libro para niños. Un libro para niños en donde el tema es brujas que matan niños. Dahl era un cabrón redondito.
(La versión cinematográfica de The Witches fue powereada por el taller de Jim Henson y Anjelica Huston como la bruja mayor de Inglaterra. Es una buena versión, en verdad. Véanla.)

Muy chamaco, en los ochenta, me obsesionaba la lectura de un artículo de la revista Geografía Universal dedicado a las brujas. Recuerdo que iniciaba con un diálogo ficticio entre una supuesta bruja y su duro juez en la onda Salem, Estados Unidos, siglo XVII. Básicamente, el texto hablaba de cómo algunas mujeres de avanzada de la época, mujeres poco comprendidas por los hombres, acababan como chivos expiatorios en la hoguera por desafiar el statu quo. El detalle grotesco era el siguiente: si alguna tenía un lunar, éste era determinado por los jueces como un diaboli stigmata o marca del diablo. ¡La bruja había copulado con el demonio en un aquelarre! Después de muchas horas o días de tortura, por supuesto, cualquier mujer terminaba confesando su afiliación con el diablo. Los juicios de Salem en realidad duraron sólo un año y no sólo brujas fueron condenadas a muerte; también había hombres entre los consignados. La paranoia de una sociedad puritana que entró en pánico: así podemos resumir las estupideces acontecidas hace más de 300 años en Salem. National Geographic tiene un viejo interactivo dedicado al respecto, y cientos de libros se han escrito tratando de explicar lo que sucedió ahí. Ahora, nuestra mentalidad contemporánea intenta trazar un dibujo más políticamente correcto de la brujería como un "modo alternativo de vida". De hecho, una exposición en el Salem Witch Museum se dedica sólo a darle una dosis de "realidad" a nuestra burda idea de la bruja como esa cosa narigona, perversa, con sombrero picudo y escoba para volar.

Un momento. Yo no quiero esa versión ultrapasteurizada de las brujas. Yo no quiero que me digan que las brujas son mujeres que aman a la naturaleza y procuran el bienestar holístico, como si se tratara de una mamona disciplina new age o una variación de la acupuntura. Seguro: existe la noción de la bruja bondadosa (Wanda Maximoff en sus humildes orígenes con los Avengers) y la bruja perversa (Emma Frost en sus humildes orígenes con el Hellfire Club), del mismo modo que existe la bruja como la madre universal o como la madre mala. Aquellos lectorcitos que hayan pasado por el Spam Campbell®, adivinarán que el poder de las brujas radica en la paradoja de la creación: la mujer, dadora de vida, poseedora del vientre bendito, la world creatix, es dueña también la fuerza destructora y "maligna" que da y quita. La bruja es una fuerza que contiene por igual eros thanatos. Cualquiera que haya estado enamorado de una mujer lo sabe; la belleza puede ser algo terrible. La belleza de una mujer eleva pero también enloquece. La canción "Exit" de U2 lo resume así: "The hands that build/Can also pull down/Even the hands of love".
Sin ánimo misógino, la verdad es que las brujas rockean mucho más que los brujos (un brujo connota a un médico tribal; una bruja, a una fuerza cósmica que evoca a la magia). Y ya establecido que "bruja" no es sinónimo exclusivo de "hijadeputa", hay que decir (o contradecir) que no es ninguna sorpresa que los retratos malignos de las brujas sean mucho más poderosos que los bondadosos. Todos recordamos a las brujas feas, culeras, viles y sanguinarias. Están aquellas grayas que viven en una cueva terrible y se turnan un ojo para ver, y que le revelan a Perseo la única forma en la que puede deshacerse del Kraken en la Furia de titanes de 1981. Y están las tres brujas shakespereanas que le dicen a Macbeth que él será el rey de Escocia en un pasaje favorito del Bardo Inmortal:
Double, double toil and trouble;
Fire burn and cauldron bubble.
By the pricking of my thumbs,
Something wicked this way comes.

Las maquinaciones de una bruja. De una mujer que sabe más que un hombre. A eso sabe la vida. A hombres inexpertos enfrentándose a mujeres más aptas e inteligentes que ellos. Macbeth es una cosa hermosa por eso.

Más recientemente, mi bruja favorita ha sido la mamá falsa de Coraline. He visto una docena de veces el filme con mi hija y he armado muchas interpretaciones sobre lo que sucede en pantalla (una de las más nuevas es de origen "inceptionesco"). Ninguna otra película obsesiona tanto a mi hija como Coraline, y creo que es por sus efectos freudianos sobre ella. 

En Coraline, la madre falsa tiene ojos de botón, y en su forma horrible de bruja-araña representa a la propia madre enojada y regañona. Piensen esto: nuestro camino en este mundo implica separarnos de nuestras madres y añorar el seno materno que alguna vez nos dio protección y alimento (me vale pito que hayan tomado leche de fórmula, la metáfora funciona). Para la psique de un niño --que es una personilla aún cerca de su progenitora--, el enojo de la madre equivale a perder esa proximidad, y quizá más que eso: es una pequeña tragedia griega que se repite a diario en las casas de niños preescolares haciendo berrinche. 

Así pues, la madre falsa de Coraline Jones es una bruja potente que representa el peligro de perder para siempre a nuestra propia madre.

La madre buena, sin embargo, es rutinaria y aburrida y, a su modo, gruñona y malencarada. Una de las cosas que amo de Coraline es que nos dice que "los sueños pueden ser peligrosos", pero también nos susurra al oído que vale la pena correr ese peligro con tal de saborear la aventura. Amén.
Un beso cariñoso para todas las hermosas brujas que en estos días bailarán ebrias a la luz de la Luna y fornicarán con Satanás. Se lo merecen, chicas. Han trabajado muy duro todo el año.
"Something wicked this way comes"

Ruy