jueves, 21 de junio de 2007

Sobre mí


Durante años mi karma ha sido el del típico seriecito. En mis años de escuela todos me miraban de reojo y suponían que tenía autismo o algo así, pocos fueron los que se acercaron y abiertamente me preguntaron acerca del porqué de mi seriedad y se sorprendieron.

Nuestros profesores (benditos sean) tienden a asumir un papel de psicólogos, no es para menos, pero ciertamente raras veces están en lo correcto, para ellos el alumno más inteligente del grupo es el de las buenas calificaciones. En una ocasión tuvimos una visita de una psicóloga que nos vendía un concepto"novedoso"; la inteligencia emocional.

Así muchos de mis parlanchines compañeros sintieron una excitación tremenda, debido a que prácticamente los estaba describiendo; habladores, sociales, activos, payasitos, ávidos de atención, fanfarrones y presumidos. Su ego se elevó hasta las nubes. ¿Dónde quedamos los seriecitos?, según la psicóloga necesitamos amor y atención, para así algún día "superarnos" y dejar nuestras "limitaciones" atrás.

Cada cabeza es un mundo, dicen, y las estadísticas han probado que las personas serias son más eficientes en ciertas áreas, como la investigación y en puestos donde se requiera paciencia, donde se tengan que aportar ideas nuevas. Tampoco hay que generalizar, hay muchas personas serias que no tienen personalidad, eso sí es un problema. Pero ya saben "los serios son peligrosos, porque no sabes cómo van a reaccionar", recuerden Virginia Tech, claro si nos vamos a los extremos.

Los serios somos especiales, ninguno pensamos igual. ¿Cuántos payasitos hay en el mundo y parece que todos son uno mismo?, por eso se llevan tan bien y se van de "peda" juntos, incluso hablan igual.

Lo que sí hay que desarrollar para ser un seriecito triunfador es una personalidad propia, dejar de ser manejables, cándidos, demostrar que no somos imbéciles, mentar madres de vez en cuando, hablar con seguridad, bailar y defender nuestros puntos de vista con huevitos y fundamentos.

Es una guerra allá afuera y hay canibalismo en todas partes, dobles caras e hipócritas (son lo mismo) que nos querrán ver hundidos, pero no lo dirán abiertamente, hay que olerlo, hay que sentir su desprecio, entonces ... BAM! ... una patada en la cola y adiós.

Es una guerra allá afuera.

Alfredo Blanco