lunes, 17 de marzo de 2014

Senología: los senos explicados por la ciencia



Pechos, mamas, senos, bustos, playground de los dioses y una larga lista de sinónimos un poco más vulgares son los nombres por los que nos referimos a esa gloriosa parte de la anatomía femenina que se encuentra en algún lugar entre las clavículas y el ombligo (dependiendo de la edad y de la benevolencia de la gravedad). Una acumulación de grasas, tejidos conjuntivos y glándulas mamarias que han sido el centro de atención de millones de hombres (y, de hecho, también de mujeres) a lo largo de toda la historia de la humanidad.

Basta con ir a dar un paseo por un centro comercial para darse cuenta de que la sobre exposición de los senos femeninos está en todas partes, y no sólo en el escaparate de la tienda de lencería: anuncios de cualquier tipo, desde maniquíes con vestidos tremendamente escotados vendiendo coches hasta las poderosas rubias en bikini bebiendo cerveza, recuerdan (o más bien exigen), a las mujeres que se preocupen por el tamaño de sus pechos. O que, por lo menos, enseñen un poco más.
Tal vez por eso la ciencia ha dedicado tanto esfuerzo en identificar lo que hace que los senos sean tan especiales, y a lo largo de los últimos años se han llevado a cabo una gran cantidad de estudios sobre esa parte de la anatomía desde diferentes puntos de vista.

Cuanto más pobre, más gusto por los más grandes.

Comencemos por la investigación más reciente. Según indicó el pasado mes de julio un estudio publicado en PLoSONE, los hombres pertenecientes a un nivel social más bajo, con menos recursos financieros o circunstancialmente pobres prefieren los senos de mayor tamaño. Los investigadores afirman que la razón de esto se debe a que los senos grandes poseen una mayor reserva de grasa, y nuestro lado irracional nos hace preferirlos en esos momentos en que tenemos el estómago vacío. Por otra parte, según los datos mostrados en la investigación, cuanto más alto es el nivel socioeconómico de la persona, menor es el tamaño de su preferencia.

Juguetes para hombres.

Pero, ¿para qué sirven? ¿Por qué reclaman nuestra atención? ¿Qué hacen y hacia a dónde van? Algunos biólogos, como Larry Young, de la Universidad Emory, sugirieron la posibilidad de que las mamas resultan atractivas a los hombres por que, durante la cópula, típicamente son masajeados. Esto hace que la oxitocina, la llamada “hormona del amor,” sea liberada, aumentando el deseo sexual de las mujeres que están siendo acariciadas. En resumidas cuentas, los hombres gustan de los pechos porque tocarlos hace que las mujeres los deseen más. Este es un verdadero círculo vicioso.

El tamaño sí importa…

¿Es cierto que nos gustan los pechos grandes? Pues sí, y de acuerdo con un par de experimentos sociológicos realizados en Francia y Nueva Zelanda, estamos destinados a aproximarnos a aquellas mujeres con una mayor talla de busto. Tanto en un estudio como en otro, la misma mujer con diferentes tamaños de pecho recibió miradas más furtivas y la atención de los hombres cuando más alta era la etiqueta de su sujetador.

… sobre todo si eres machista.

El mismo estudio que encontró que los hombres prefieren a las mujeres exuberantes señaló además que las personas más machistas tienden a preferir los senos de mayor tamaño. Sin embargo, los que tienen una visión más igualitaria sobre el papel en la sociedad de los hombres y las mujeres tienden a preferir senos más pequeños.

Los sujetadores dejan senos caídos.

¿Usar sostén o no? Esta es una de las discusiones más recurrente en lo referente a la moda femenina, pero un estudio publicado este mismo año parece haber descubierto la verdad definitiva. Según señala Jean-Denis Roullon de la Universidad de Besançon en Francia, después de un estudio de 15 años de duración, los sujetadores debilitan los músculos que contribuyen a la firmeza de la mama, motivo por el que las mujeres que no utilizaron dicha pieza tenían pezones un promedio de siete milímetros más altos que las que la utilizaban.

Alargan la vida de los hombres…

La justificación definitiva para decir a tu mujer que ver pornografía es bueno: según un celebre estudio publicado en Hot Topics in Hypertension, ver todos los días durante diez minutos senos femeninos de gran tamaño puede aumentar la esperanza de vida de entre cuatro y seis años. La razón supuesta de la investigación es que los que siguieron esta estricta dieta con todo el rigor tenían una presión arterial menor y su corazón funcionaba mejor. Tal vez los resultados del estudio sean un poco exagerados, pero no se pierde nada con probar.

Y es lo primero que ven.

Sabemos más o menos lo que un hombre va a responder cuando se le pregunte sobre qué es lo primero que ve en una mujer. Probablemente la respuesta sea “la sonrisa”, “los ojos”, “el pelo” o alguna excusa parecida. Tremenda bola de sinvergüenzas. Según una pesquisa llevada a cabo en la Universidad de Wellington, en Nueva Zelanda, el 80% de la mirada masculina instintivamente se dirigía al escote de las mujeres cuyas fotografías fueron presentadas. No sólo es lo primero que ven, sino que también lo hacen durante más tiempo. ¿Cuáles fueron las zonas del cuerpo femenino menos observadas? Brazos, pantorrillas y pies. Un estudio similar realizado con las mujeres llegó a la conclusión de que también les gusta mentir: más del 80% ven directo a la bragueta.

Su tamaño está determinado por los genes.

Un estudio publicado en Julio de 2012 señaló los siete marcadores genéticos que determinan el tamaño del busto y que pueden ser heredados de madres a hijas. Sin embargo, lo más interesante de la investigación realizada por Nicholas Erickson y la compañía de pruebas genéticas 23andMe es el indicio de que existe una relación entre el tamaño del seno y la posibilidad de padecer cáncer de mama.

Los pechos grandes son algo exclusivo de los humanos.

Tal vez muchos no se han dado cuenta, pero en pocas especies animales existe tanta diferencia entre el tamaño de unos senos y otros como en la humana. Como indican los científicos evolucionistas, los pechos de otros homínidos sólo crecen durante la lactancia y más tarde vuelven a su tamaño normal. ¿Por qué no el hombre? Porque para los seres humanos se trata de un ornamento sexual, ya que la forma de reloj de arena (pechos y caderas grandes, cintura estrecha) es la más atractiva para el macho humano, algo que no ocurre con el resto de los primates.

Buenas noticias: son cada vez más grandes.


Y no, no se trata únicamente de la aparición de estos milagrosos sujetadores push-ups (con relleno) que permiten crear un efecto visual muy peculiar, sino que las estadísticas muestran que los pechos femeninos están creciendo año tras año. ¿Las razones? Aparte del evidente aumento en las operaciones de cirugía estética, el aumento de peso en la población femenina en el oeste ha contribuido significativamente a este crecimiento. De hecho, el tamaño promedio en los Estados Unidos en 1990 fue de 34B, hoy es de 36C.